

El Castillo Santa Catalina acoge la muestra fotográfica del Louvre del artista brasileño Alecio de Andrade
El pasado 15 de febrero en el Castillo de Santa Catalina tuvo lugar la apertura oficial de la exposición ‘’El Louvre y sus visitantes’, del artista brasileño Alecio de Andrade (Rio de Janeiro, Brasil, 29 abril de 1938 – Francia, París, 6 agosto de 2003) con la presencia de la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez.
Se trata de la segunda exposición cultural que el Ayuntamiento inaugura en esta semana bajo la temática del Bicentenario de 2012, año de la Capitalidad Cultural Iberoamericana de Cádiz, en este caso de la mano de un artista brasileño, tras la exposición ‘Una mirada de México’ de José Chávez Morado, inaugurada ayer lunes en el Baluarte de la Candelaria.
Desde 1964 y durante casi treinta y nueve años Alécio de Andrade recorrió las salas del Museo del Louvre parisino tomando más de 12.000 fotografías. Cada una de ellas, usando como armas el sentido del humor y la ternura, revela tanto la apropiación de los espacios del museo por el público, como las relaciones, a veces insólitas, que se establecen entre los visitantes y las obras de arte.
La exposición reúne 66 fotografías en las que el punto de vista de Andrade extrae simpáticas resonancias entre las imágenes que cuelgan de las paredes y las actitudes de los visitantes. La muestra funciona también como un amplio catálogo de tipos sociales y de reacciones, desde la del avezado estudioso que escruta los cuadros a un centímetro de distancia hasta la festiva indiferencia de los niños.
Biografía:
Fotógrafo y poeta, pianista y amigo de escritores y músicos de todo el mundo, Alécio de Andrade (Brasil, 1938 – Francia, 2003) cursó estudios universitarios de derecho en Rio de Janeiro, su ciudad natal. Interesado desde muy joven por la música y la poesía, fue premiado en varias ocasiones por su obra lírica.
En 1964 se mudó a París, donde viviría hasta su muerte. Realizó fotografías por encargo de medios como Newsweek y Elle, y fue miembro de Magnum Photos. Con Henri Cartier-Bresson como referencia, su obra está marcada por el uso del blanco y negro y la ausencia de retoque o flash.
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